El lujo del silencio en los viajes

El silencio. No hablo ni de tranquilidad ni de relajación. Sólo de silencio. ¿Os dais cuenta de que las cosas más básicas cada vez son más difíciles de encontrar? Durante siglos lo único que rompía ese vacío de sonidos eran los ruidos de los animales, alguna que otra conversación y puede que los choques de las espadas en las guerras. Después llegaron la radio, la televisión, los coches, los martillos hidráulicos, los semáforos que pitan, la voz que te informa de que por la megafonía de ese aeropuerto no se dan avisos –pero que no se calla ni debajo del agua–, los “próxima estación”…

Tras siglos tratando de llenar de sonidos nuestras vidas, llega el momento de darse el lujo de mantenerlos alejados de nuestros oídos. Las empresas, que son de todo menos tontas, han visto que estamos dispuestos a pagar más por ese merecido silencio… y ahí están para cobrárnoslo.

Salas de espera VIP en los aeropuertos

Olvídate de las pastas y la fruta gratis, de los asientos cómodos y de la prensa, lo que de verdad buscan los VIPs es dejar de oír la voz que te taladra el cerebro en dos idiomas –como poco– para decirte que tengas cuidado que no te roben, que no se puede fumar, que no te dan información… Las compañías aéreas lo saben y, sólo con abrir la puerta de una sala de espera VIP notas que el sonido ambiente baja unos cuantos decibelios.

Aeropuerto Hong Kong Trey Ratcliff

Foto: Trey Ratcliff

Eso sí, hay que pagarlo. Si no estás dispuesto a comprar un billete de primera o registrarte en un programa de acceso a las salas VIP, tu espera en el aeropuerto seguirá siendo tan silenciosa como un atasco en la carretera, una guardería o una fiesta de despedida de soltero.

Vagones silenciosos en los trenes

Los vagones silenciosos son un invento relativamente nuevo en España –aunque ya los probamos en Japón hace diez años–. No es que los vagones de tren sean lugares especialmente ruidosos, más allá del propio ruido del tren, pero si tiene un número elevado de paradas y va avisando de cada una de ellas puedes acabar odiando a muerte la voz que te ha despertado diez o doce veces en un trayecto. Por no hablar de las voces de tus compañeros de viaje.

Deluxe suite the blue train Sudáfrica

Foto: The Blue Train

Las normas de buena educación –además de las recomendaciones, que dan por megafonía por otra parte…– recomiendan, casi exigen, poner el móvil en silencio y, en el caso de recibir una llamada, salir del vagón a una zona intermedia para no molestar. ¿Lo cumple alguien? Más de una vez me ha parecido que alguno aprovechaba su viaje para elegir la melodía del móvil y contárselo a sus amigos. Pitidos de whatsapp, campanas de correo electrónico, silbidos de twitter, gotas de facebook… Me estoy estresando sólo de escribirlo.

Niños no

De acuerdo. Los bebés no tienen la culpa de llorar, todos hemos llorado a su edad. Los niños, no siempre, saben que están molestando y, a veces, tienen rabietas. Hay padres que hacen todo lo posible por evitar esos momentos manteniendo a los niños entretenidos. Pero otros deciden que hay que compartir tu alegría y también tu estrés. Dejan que el niño haga lo que quiera, a sabiendas de que no se podrá escapar del avión, y, acostumbrados a sus ruidos, son los únicos capaces de echarse una cabezadita.

Singapore Airlines Primera Clase

Foto: Singapore Airlines

Para eso, las empresas de turismo, también han encontrado una solución: vuelos de adultos –aunque medio mundo se echa encima de ellos sólo por plantearlo pero están deseando viajar así– y hoteles sin niños –aunque la mitad de estos hoteles son todavía más ruidosos porque la prohibición de los niños se debe a la cantidad de fiestas–.

Y tú, ¿echas de menos el silencio?

 


 

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