Tres chapuzones de vértigo, buscando emociones fuertes

A los humanos nos gusta el riesgo, mejor si es controlado. Y uno de los riesgos “controlados” que más nos gusta es la altura. El vértigo de algunos se compensa con las ganas que tienen otros de asomarse a cualquier precipicio, terraza o sima que encuentran. El lujo de la adrenalina corriendo por las venas, esa sensación que te hace vivir pensando –aunque recordemos que está controlada– que cada segundo puede ser el último si se te va un pie. Si a esto le unimos el agua, la combinación se vuelve explosiva, perfecta. La pregunta “¿es posible tener vértigo en el agua?” tiene sólo una respuesta: sigue leyendo…

La piscina que te hará nadar en las nubes, Dubái

No podía ser en otro sitio. Pensad: una piscina en un piso 36 no tendría nada de especial en casi cualquier ciudad del mundo con rascacielos. Es habitual que las piscinas estén en pisos altos, pero si la piscina acaba “al lado” del hotel y tiene el suelo de cristal la cosa se complica. La cadena Intercontinental Hotels & Resorts dio un paso más en las piscinas infinitas que se asoman al vacío desde los edificios. En el Dubai – Festival City no sólo la pared es de cristal, toda la zona de la piscina que queda “levitando” lo es, suelo incluido.

Intercontinental Dubai Festival City Piscina

Foto: Intercontinental

Tampoco penséis en hacer muchos largos, porque la parte que cuelga es bastante pequeña –la piscina completa tiene 25 metros–, pero ¿qué os parece eso de abrir los ojos bajo el agua y ver el suelo a 36 pisos de distancia? Pocos aguantarán la experiencia y menos aún la idea de dar unas brazadas entre las nubes.

Si estáis en Melbourne podréis disfrutar de una sensación parecida, aunque aquí hay vigas sosteniendo el fondo de cristal, lo que da “cierta seguridad”, y la altura es de “sólo” nueve plantas, en el Adelphi Hotel.

El lago azul, Chapada Diamantina

Salvando las distancias –y no sólo los kilómetros entre Dubái y Brasil– otro baño de impresión es en este increíble lago de aguas tan cristalinas que se puede ver perfectamente el fondo. ¿El problema de ver el fondo? Que está a 60 metros de profundidad y parece que puedes tocarlo con los pies en cuanto te estires un poco. Rizamos el rizo en el lago azul de la Chapada Diamantina, no sólo se puede tener vértigo en el agua, sino que es posible engañar al cerebro.

Lago Azul Chapada Diamantina

Foto: Chico Ferreira

Más peligroso de lo que parece, sólo es posible entrar en el lago con chaleco salvavidas. El cerebro se vuelve “loco” al ver el fondo con tanta claridad y antes de que te des cuenta puedes estar hundiéndote sin remedio y aquí no hay aire debajo del suelo de cristal ni un socorrista de hotel de lujo.

La piscina del diablo, Devil’s Pool

Más agua, pero con un nombre nada alentador: la piscina del diablo, Devil’s pool. Seguro que has visto alguna vez una imagen de unos “locos” asomándose tranquilamente al borde de las cataratas Victoria, entre Zambia y Zimbabue. Ese lugar en el que se bañan con una sonrisa al borde de los cien metros de caída es la piscina del diablo, en Zambia, en la isla Livingstone. La emoción de estar al lado de un precipicio se une a la de sentir –porque las cataratas se sienten, no sólo se oyen– las cataratas Victoria a la distancia de estirar el brazo.

Devils Pool Zambia

Foto: Paolo

Al ser una “piscina” natural, el caudal del Zambeze es el que marca cuando es accesible y cuando sólo el diablo puede usarla. Atentos que es incluso más peligrosa que el lago azul porque, en el caso de que te resbales, si la propia caída no te mata, los cocodrilos que hay abajo esperando se encargarán de ello. ¿Querías adrenalina?

Lo tienes claro, ¿no? se puede tener vértigo en el agua.

 


 

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