Bután, el capricho de visitar el país más feliz del mundo

Un país rodeado por montañas de ocho mil metros de altura, prácticamente aislado del resto del mundo hasta finales del siglo XX. Trajes tradicionales vestidos a diario por sus calles y una cercanía que te permite conocer al primer ministro y al jefe de la oposición el mismo día mientras visitas un templo o un parque. Bienvenidos a Bután, el reino del dragón y el país de la felicidad, porque para llegar a donde poca gente ha llegado no hace falta viajar a la Luna. Muchas veces es la casualidad la que te lleva a estos lugares, así fue en nuestro caso, pero cuando la casualidad se alía con la fortuna, puedes encontrar auténticas maravillas.

Dzong de Bután

Si con esta introducción todavía no estás convencido de que te mereces el lujo de visitar el país, con la imagen de sus templos-fortalezas no tendrás más dudas. Por todo el país se alzan estas maravillas, los dzong. Algunos, los menos, son originales de siglos pasados, otros han sido reconstruidos manteniendo su posición y su imagen original. En ellos encontraréis una tranquilidad que uno no espera detrás de unos muros de ese grosor, y unas sonrisas en las caras de los jóvenes monjes que acabarán por desarmaros.

Butan Nido del Tigre

Uno de los más espectaculares es el nido del tigre. Según la leyenda fue el propio Guru Rimpoche (quien introdujo el budismo en el país) el que lo construyó en la ladera de la montaña vailéndose de sus artes mágicas. No sabemos cómo lo hizo, pero sí que la belleza de un paisaje impresionante junto con el templo asomándose al vacío lo convierten en mágico.

Tsechu, las fiestas religiosas de Bután

Los tsechus son los festivales más importantes del país. Son las ocasiones en que se juntan los habitantes de los pueblos y los de las ciudades, no sólo religión, también fiesta y negocios. Ahora que ya estáis convencidos de que Bután es un capricho a concederse, tened en cuenta el calendario. No se trata sólo del clima (atentos al monzón) sino de las festividades.

Butan Tsechu Paro Mascara

En nuestro caso, como decíamos, fue la casualidad la que se alió con la fortuna. Los días que visitamos la ciudad de Paro, una de las más grandes del país, se celebraba su tsechu. En mitad del patio del dzong comenzaba el espectáculo con bailes, cantos, payasos (sí, también hay descanso para las risas)… y un público entregado que casi llamaba más la atención que los actores. Ancianos venerables con sonrisas perennes, niños con caras de asombro, monjes respetuosos de sus creencias y tradiciones… y un pequeño puñado de turistas que, como nosotros, no sabía hacia donde mirar porque todo llama la atención en un tsechu.

Los tsechus tienen lugar a lo largo de todo el año en diferentes puntos del país, por lo que no es difícil coincidir con alguno en la visita. No se trata de fiestas “cortas”, lo normal es que su duración esté entre los tres y los cinco días, de nuevo más facilidades para que no se os escape la oportunidad de verlos.

Butan Tsechu Paro

Visitar Bután será un lujo que te llevará a un lugar en el que poca gente ha estado… eso colmará tu ego, pero también te llevará a un país anclado en el pasado, con unas tradiciones muy vivas y una cultura increíble… y eso, es verdaderamente un lujo.

 


 

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